Diversos factores, no todos obviamente, determinan quién es responsable por daños o lesiones que resulten de un accidente automovilístico. Por ejemplo, una conductora es gravemente herida cuando otro conductor se le atraviesa luego de girar en una calle. Sin embargo, ella podría ser hallada responsable si iba a exceso de velocidad o si realizó un cambio de carril ilegal antes de la colisión. La decisión de quien paga por los daños o lesiones en los accidentes vehiculares reposa en los estatutos, en lugar de la tradicional y común definición legal de “culpa”.

Guía reglamentaria para la responsabilidad en accidentes vehiculares

La industria aseguradora automovilística presionó legislaturas estatales para basar la responsabilidad de los accidentes vehiculares más en los estatutos de vehículos a motor que en las nociones legales de culpa. Esto ha hecho más fácil para las aseguradoras desafiar la culpa y responsabilidad cuando la otra parte en un accidente ha violado las leyes de tránsito, especialmente ya que el seguro de responsabilidad es requerido en todos los estados.

Por ejemplo, un motorista sin seguro de responsabilidad podría no ser capaz de cobrar por los daños incluso si el otro motorista fue por lo menos parcialmente negligente en un accidente de tránsito.

Responsabilidad en los accidentes vehiculares y el derecho consuetudinario

En su forma más pura, la “culpa” por causar un accidente o se crea por ley o se define por derecho consuetudinario. El derecho consuetudinario reconoce cuatro niveles básicos de falta:

  1. Negligencia
  2. Temeridad o conducta sin sentido
  3. Intencional o mal comportamiento
  4. Responsabilidad estricta (independientemente de la falta)

La negligencia generalmente significa descuido o conducta distraída que resulta en daño, lo cual es bastante común en los accidentes automovilísticos. Uno puede ser negligente al fallar en hacer algo, como no ceder el derecho de paso para evitar accidentes, así como al hacer algo de manera activa (como pasarse la luz roja).

La temeridad o conducta sin sentido se refiere a una indiferencia voluntaria por la seguridad y bienestar de otros. Se puede imponer una estricta responsabilidad, incluso en la ausencia de culpa, por accidentes que involucren ciertos productos defectuosos o actividades sumamente peligrosas (como el transporte de químicos explosivos).

Bajo el derecho consuetudinario, los individuos que han causado un accidente vehicular han cometido un “agravio”, un mal privado contra el otro (pero sin llegar al nivel de un agravio intencional o crimen). 

Rara vez hay duda de culpa cuando un motorista participa en una mala conducta de manera intencional o temeraria, como conducir bajo los efectos del alcohol. Pero, cuando se trata de negligencia general, como en golpecitos y otros accidentes rutinarios, establecer la culpa se vuelve más complejo. Más de un motorista puede ser al menos parcialmente responsable. Cuando este es el caso, la ley estatal dictamina quién debe pagar por los daños a la propiedad y lesiones a las partes involucradas.

Cada estado ha pasado por múltiples leyes que regulan la manera en la cual los conductores deben operar sus vehículos en carreteras públicas. Muchos de estos estatutos son de hecho versiones codificadas del derecho consuetudinario, mientras que otros son resultado de una iniciativa legislativa.